su travajo
Con mi hijo y mi esposa
En el periódico barranquillero trabajaban Cepeda Samudio, Vargas y Fuenmayor. Yo escribía, leía y discutía todos los días con los tres redactores; el inseparable cuarteto se reunía a diario en la librería del "sabio catalán" o se iba a los cafés a beber cerveza y ron hasta altas horas de la madrugada. Polemizaban a grito herido sobre literatura, o sobre sus propios trabajos, que los cuatro leían. Hacían la disección de las obras de Defoe, Dos Pasos, Camus, Virginia Woolf y William Faulkner, escritor este último de gran influencia en la literatura de ficción de América Latina que pronunció con motivo de la entrega del premio Nobel en 1982: William Faulkner había sido mi maestro. Sin embargo, yo nunca fue un crítico, ni un teórico literario, actividades que, además, no son de su predilección: él prefirió y prefiere contar historias.



